Europa, jazz y avant garde ha devenido una trinidad musical indisoluble en muchos casos a nivel mundial.
Centrándonos, sin embargo, en el caso de Hungría, hay que recordar que en este país existe una variada vida musical jazzística, que no sólo cabe cifrar en nombres como los de los guitarristas Elek Bacsik y Gábor Szabó, o el percusionista George Jinda. En los extremos de la secuencia, rivalizan igualmente Zoltán Lantos’ Mirrorworld, el Kaltenecker Trio y, aún, este icono de la modernidad que es el Plastic Septet.El nombre actual de esta formación es una prolongación de la denominación anterior, Plastic Ohara, en realidad primera constitución del Plastic. Sus componentes entonces, 1993, estudiaban en la escuela de música durante el día, y, por la noche, llevaban a cabo actuaciones en los clubes locales con el nombre de Lekvártett. Pilares fundamentales de aquella reunión accidental fueron en la época el guitarrista Gábor Brezovcsik y el saxofonista Gábor Lukács. Para cuando el Plastic se transmutó en septeto, algunos componentes habían cambiado y otros se incorporaron. Importantes fueron las contribuciones de Keve Abonczy y Ferenc Schreck, respectivamente clarinete bajo y trombón. Y decisiva la del sopranosaxofonista Daniel Váczi, que, junto a Gábor Brezovcsik, es responsable de la articulación de todos los elementos que sazonan esta original fórmula de banda de metales. La música del Plastic Septet parece, a veces, salida de las hoscas catacumbas neoyorquinas en las que medran antiguos fichajes de la Kniting Factory: Matt Darriau, Defunkt, John Zorn, David Tronzo… Composiciones escritas con un perfil complicado, que llevan a estrambote las cabriolas técnicas impartidas como canónicas en los conservatorios. Creaciones que se sostienen a la perfección en el territorio poco apacible del jazz de avanzada. Con esta música, lejos de descansar, es preciso estar despierto, vigilante, manteniendo el empeño hasta el infinito. Detrás de su apariencia alborotada y subversiva hay, sin embargo, una lírica musical sincera, desinhibida y libre. El Plastic es una de las caras de la verdadera vanguardia contemporánea en Hungría.
De todos los álbumes que dan alas nuevas a su proyecto, probablemente “Horror Vacui”, publicado en 2008, sea el más sugerente. Un compendio de piezas sustentadas en el buen oficio de unos músicos que, pese a destilar identidad local en todo lo que hacen, buscan también la confrontación con discursos sonoros nacidos en otras culturas. Plastic Septet, una banda de jazz diferente, que está creciendo y reinventándose musicalmente, ante nuestros ojos.
