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| Domingo, 14 de abril de 2002 | |
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ÉTNICA
Música de diáspora CARLOS
GALILEA Toman su nombre de la ciudad mágica, a las puertas del desierto,
donde el muecín salmodia su plegaria desde lo alto del minarete y
llevan diez años escarbando en la tradición gnaua. La trata
de esclavos y las levas de soldados con destino al Magreb desde
regiones subsaharianas y las posteriores cofradías que organizaron
los africanos negros están en el origen de una música de trance
curativo de enorme fuerza; ese blues de los gnauas al
que se refirió Randy Weston tras descubrir una espiritualidad común
a minorías oprimidas o en la diáspora. Nass Marrakech, que se encuentra en esa cultura centenaria,
presentaba su segundo disco, Bouderbala, grabado en España y
con posibilidades de acceder a un mercado más amplio. El ritmo
aparece despojado de la liturgia, aunque no se aprecian renuncias
sustanciales con el fin de aproximarse a nuestros hábitos. Tocaron
ritmos hipnóticos para bailar: con el sentir (bajo
tradicional) y el sonido de las karbakas (castañuelas dobles
de metal). Como invitado estuvo Jorge Pardo, que viene del jazz y el
flamenco, pero familiarizado con la música de Nass Marrakech.
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